sábado, 28 de abril de 2012

miércoles, 18 de abril de 2012

La clave

Ríe cuando puedas...
...y llora cuando lo necesites.


El Chojin.






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jueves, 12 de abril de 2012

Los nietos de los ricos

                                 Love is onion. Juan San Sebastián


“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”.

Aforismo castellano


Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres, y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años 70. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare” Este pensamiento me hizo reflexionar entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades y seguir viviendo en armonía y respeto.

Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

1) “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.

2) “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo que mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, que daban la impresión de ser inagotables y que los bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarehipotecas.

Y entonces, eclosionó nuestra generación (yo soy del 67). La generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá dame”.

Y todos nos volvimos ricos (en apariencia), todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión. El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico, que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euro, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto, como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”. Increíble pero cierto.

- ¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

- Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, BMW para los españoles.

Irrumpió Europa en nuestras vidas y llegó en forma de mega infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos! Además llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego a los dos años otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿Qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta constitución.

De la siguiente generación mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Esa es la generación que dice el aforismo que será pobre, por ser nieta de ricos.

Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo. Y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más. Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre, con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.

Fernando Sánchez Salinero. (blog)


Love is bread. Juan San Sebastián.




jueves, 22 de marzo de 2012

SAL COMÚN

Hace ya unos cuantos años fui compradora habitual de la revista "Sal común".  Estaba dirigida a un público joven y la mayor parte de su contenido  dedicado a la música, aunque también tenía espacio para  el cine, la literatura, la ecología,  etc.
Había en ella también una sección dedicada al correo de los lectores donde se podían encontrar todo tipo de mensajes, desde gente que intercambiaba discos, libros o comics, compra-venta de  algún tipo de aparato, o simplemente  contactos. 



Siempre echaba una ojeada a esta sección sin más intención que curiosear, pero algo debió llamarme aquella vez la atención. No recuerdo exactamente las palabras, pero lo que sí recuerdo era un mensaje en el que una persona  buscaba amistad de manera sincera y casi desesperada, o eso me pareció a mí. 
Sin dudarlo mucho, y a pesar de ser  la primera vez -y también la última- que lo hacía,  escribí.
Se trataba de un chico llamado Manuel, de Pasajes de San Pedro.
En poco tiempo tuve respuesta suya. Supe, además, que no había sido la única que respondía a la "llamada" y que habían sido varias chicas las que habían hecho lo mismo que yo .
Nos estuvimos escribiendo durante unos meses. Sus cartas eran muy largas, en cuartillas escritas a doble cara, la letra muy apretada, densas. Se mezclaban allí reflexiones filosóficas, asuntos personales, fobias.
Deduzco, después de leerlas ahora, que las mías no debían ser muy distintas puesto que, según él mismo decía, conectábamos en bastantes cosas.




Un día recibo una carta que viene de su misma dirección pero con otro remitente.
Creo que fue Mark Twain el que dijo que era más difícil escribir una carta que un libro. No lo sé, porque nunca escribí un libro, pero podría añadir que a veces también es difícil leer.
La carta venía de su hermana y decía, entre otras  cosas y  después de un amable y cariñoso saludo, esto:


"Bien, hace cosa de unos días recibió mi hermano una carta tuya en la que le preguntabas el porqué de su no contestación y a ver si había llegado tu carta anterior de cinco hojas; pues bien, llegó, pero cuando eso sucedió, él, Manuel, estaba en el psiquiátrico (no, no es broma), ahora me aclaro pero antes déjame fumar o, por lo menos, encender un cigarro, pues cada vez que me acuerdo de todo "aquello" se me ponen los pelos de punta.
¡Ya está!, vamos allá. Todo empezó el 12 de marzo...".


Me cuenta que ese día falleció un familiar y su hermano se queda "cortado", expresión a la que en ese momento no da mayor importancia. Los días que siguen observa comportamientos que ella misma define como "raros".


"En la mañana del día 14, al entrar en su habitación, lo encontré en medio de ella, desnudo y con la persiana completamente subida, le pregunté que era lo que hacía pues nunca lo había visto así y con lo tímido que es él me extrañó un montón; luego me dijo que quería dormir y lo dejé metido en cama. A eso de las 10:30 fui para ver si estaba dormido y se estaba vistiendo. Le pregunté a donde iba y me dijo que al monte, se puso un pantalón que nunca se había puesto (de esos que tienen bolsillos en las piernas) y luego cogió unas cosas como eran, 3 guantes, un desodorante spray, mechero, la foto de una tía con la que se escribe y algunas cosillas más. Sacó toda la ropa de un armario y la esparramó por el suelo. Esto ya me puso alerta, y cuando se fue llamé a mis tías para que vinieran; así lo hicieron  y después de una hora más o menos, llegó él, con una cara demacrada y al ver a mi tía me echó una mirada que nunca podré olvidar (como reprochándome haberla traído), luego vino mi tío y  ya eso de las tres o así vinimos a casa y estaba en una habitación desnudo. Le dijeron que se vistiera y lo llevaron al psiquiatra y allí estuvo 6 días, hasta que en ese sitio le descubrieron que estaba quemado (de cuando se había ido al monte). El día 20 de marzo ingresó en el hospital para hacerle los injertos y todavía está allí. Los psiquiatras le pronosticaron que tenía ESQUIZOFRENIA, ideas delirantes, despersonalización, etc.
Pero bueno, ahora ya va mucho mejor, está muy contento allí con las enfermeras y tal, ya estoy deseando que lo bajen (pues aunque no nos han dicho nada, creo que bajará, aunque hay veces que está "en otro lado").
[...]
Siento mucho haberte hecho preocupar, pues a todas las cartas que le escribieron contesté, pero por lo que se ve, se me olvidó hacerlo con la tuya. Lo siento y perdóname, si puedes.
Espero que esto que te cuento no te defraude de él, pues me gustaría que le siguieras escribiendo, le hacen falta esas cartas, o sea, vuestras cartas. [...] Y sin nada más por el momento te dejo, pues ya te he dicho todo lo que sé y creo que te interesaría saberlo a ti también, ¡ah! pero ya no te preocupes por nada, pues está mucho mejor, así que HASTA SIEMPRE, AGUR."


Dejé pasar un tiempo, el que supuse necesario para la "curación" de su enfermedad... y de mi impresión.
La contestación tardó, así que entre esta carta y la siguiente pasaron casi seis meses.
Y la siguiente -afortunadamente- ya no se parecía nada a las anteriores, ni siquiera en el aspecto.
La carta más corta, la letra más suelta, alegre. Me contó que estuvo ingresado en el hospital más de dos meses, que hizo amistad con enfermeras y enfermeros, que sus quemaduras iban curando, que salía con amigos, que iba al cine, que viajaba...
Mis circunstancias iban cambiando (estaba más ocupada con los estudios) y las suyas también. La necesidad de comunicación poco a poco se desvaneció, y las cartas se fueron espaciando en el tiempo hasta que finalmente se cortó la comunicación.


Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero al escribir esta entrada no pude evitar buscar en la red alguna "noticia" suya, puesto que conozco su nombre y apellidos. 
La encontré: vive en la misma ciudad y trabaja en un hospital.


Un abrazo.