Amar es un esfuerzo intelectual. Y cuando se ama mucho y solo, sin espacios de sombra, nos transformamos en un sol. Las plantas vivas dependen de esa estrella para llegar a la fotosíntesis.
Llámenme hippy, llámenme lo que quieran. En cualquier caso, continuaré sabiendo de memoria la letra de Something to believe in, Ramones, 1986.
Llámenme hippy, llámenme lo que quieran. En cualquier caso, continuaré sabiendo de memoria la letra de Something to believe in, Ramones, 1986.
José Luis Peixoto.
Esta entrada debería ir acompañada de esa canción, pero no es la que me sé de memoria sino esta otra, una canción que escuché y canté hasta la saciedad, y que me habló del amor antes de saber qué era "eso".
De ella entro y salgo siempre como si fuera mi casa.
De ella entro y salgo siempre como si fuera mi casa.
Te doy una canción.
Cómo gasto papeles recordándote,
cómo
me haces hablar en el silencio,
cómo
no te me quitas de las ganas
aunque
nadie me ve nunca contigo.
Y
cómo pasa el tiempo que de pronto son años
sin
pasar tú por mí, detenida.
Te
doy una canción si abro una puerta
y
de las sombras sales tú.
Te
doy una canción de madrugada,
cuando
más quiero tu luz.
Te
doy una canción cuando apareces
el
misterio del amor,
y
si no lo apareces no me importa:
yo
te doy una canción.
Si
miro un poco afuera me detengo:
la
ciudad se derrumba y yo cantando,
la
gente que me odia y que me quiere
no
me va a perdonar que me distraiga.
Creen
que lo digo todo, que me juego la vida,
porque
no te conocen ni te sienten.
Te
doy una canción y hago un discurso
sobre
mi derecho a hablar.
Te
doy una canción con mis dos manos,
con
las mismas de matar.
Te
doy una canción y digo “patria”,
y
sigo hablando para ti.
Te
doy una canción como un disparo,
como
un libro, una palabra, una guerrilla:
como
doy el amor.




