viernes, 2 de agosto de 2013




«Eu cheguei e vinos alí todos tirados. Rompemos a alambrada para subir a uns poucos que estaban nos vagóns. Estaba unha rapaciña de 16 anos, outro de 21 e un rapaz de 14. Eu collía a ese rapaz e dicíalle: cariño, que no pasa nada; cariño, que no tienes nada. ¿Qué te duele? E dicíame que lle doía o cuello e xa lle puxeron un collarínE despois quedou tranquilo e cando o atenderon díxenlle: ahora ya te van a llevar. E deille un bico así no lado e preguntoume: señora ¿cómo se llama? Contesteille que me chamaba Mercedes e díxome: no lo voy a olvidar jamás».

Mercedes Salgado, vecina de Angrois.

"Llegué y los vi allí todos tirados. Rompimos la alambrada para subir a unos pocos que estaban en los vagones. Estaba una chavalita de 16 años, otro de 21 y un chaval de 14. Yo cogía a ese chaval y le decía: cariño, que no pasa nada; cariño, que no tienes nada ¿Qué te duele? Y él me decía que le dolía el cuello y ya le pusieron un collarín. Y después quedó tranquilo y cuando lo atendieron le dije: ahora ya te van a llevar. Y le dí un beso así de lado y me preguntó: señora ¿cómo se llama? Le contesté que me llamaba Mercedes y me dijo: no lo voy a olvidar jamás".


En Angrois quedou parte de Nós para sempre. Alí irán os nosos ollos cando as curvas do destino, invisibles e insomnes, debuxen curvas de terror. Alí perderemos o mil veces perdido. Escoitaremos o bruar das areas cristal do norte, onde o mar musita baladas ao frío. Pero en Angrois aprendemos tamén que a humanidade non deixou de ser humana (aínda que estes días algúns miserables renoven o seu pacto coa miseria). Aprendemos leccións de vida fronte á morte, catapulta de todos os infernos. Gutiérrez, por exemplo, un adolescente que engrandece a palabra tantas veces vituperada: xuventude. Tirouse ás vías cargado de amor repartido, gota a gota, nos seus quince anos de vida. En Angrois deixamos lágrimas que veñen traidoras a mollar o papel do periódico onde escribo. Conmovido, aínda. Deberían gardarse, como signos de amor, os exemplares húmidos de bágoas. Vin chorar a amigos na barra dun bar, tan adultos e tan escarmentados da vida, mentres pasaban as páxinas de La Voz. As lágrimas que caeron no papel foron dereitas, seino, á terra de Angrois. Alí seguen, doéndonos. Os vellos deixaron de ser vellos e as mulleres coraxe, tantas, pintaron as súas uñas de cor misericordia. En Angrois, aínda que pareza o contrario, crecemos. Multiplicamos a esperanza no ser humano. Nobres, pese a tanto. Somos mellores. Por iso non soporto o diálogo absurdo dos dedos acusadores, discutindo, tertuliando feroces: as ideoloxías amosando a súa ruindade. Prefiro mirar a 170 quilómetros de Verín para que a ilusión, tan distante, resucite entre Nós. Miro ao adolescente Gutiérrez. Miro Angrois. Para renacer, Galicia.

Xosé Carlos Caneiro.


En Angrois quedó parte de  Nosotros para siempre. Allí irán nuestros ojos cuando las curvas  del destino, invisibles e insomnes, dibujen curvas de terror. Allí perderemos lo mil veces perdido. Escucharemos el ruido de las arenas de  las arenas cristal del norte, donde el mar musita baladas al frío. Pero en Angrois aprendimos también que la humanidad no dejó de ser humana ( aún que estos días algunos miserables renueven su pacto con la miseria).  Aprendimos lecciones de vida  frente a la muerte, catapulta de todos los infiernos. Gutiérres, por ejemplo, un adolescente que engrandece la palabra tantas veces vituperada: juventud. Se tiró a las vías cargado de amor repartido, gota a gota, en sus quince años de vida. En Angrois dejamos lágrimas que vienen traidoras a mojar el papel de periódico donde escribo. Conmovido, aún. Deberían guardarse, como signos de amor, los ejemplares húmedos de lágrimas. Vi llorar a amigos en la barra de un bar, tan adultos y tan escarmentados de la vida, mientras pasaban las paginas de La Voz. Las lágrimas que cayeron en el papel fueron derechas, lo sé, a la tierra de Angrois. Allí siguen, doliéndonos. Los viejos dejaron de ser viejos y las mujeres coraje, tantas, pintaron sus uñas de color misericordia. En Angrois, aunque parezca lo contrario, crecimos. Multiplicamos la esperanza en el ser humano. Nobles, pese a tanto. Somos mejores. Por eso no soporto el diálogo absurdo de los dedos acusadores, discutiendo, tertuliando feroces: las ideologías mostrando su ruindad. Prefiero mirar a 170 km de Verín para que la ilusión, tan distante, resucite entre Nosotros. Miro al adolescente Gutiérrez. Miro Angrois. Para renacer, Galicia.




Gracias a todos los que me escribieron preocupándose por si me había afectado el desgraciado accidente ocurrido en Santiago.
Todavía un poco doloridos, pero aquí estamos.


18 comentarios:

Sergio DS dijo...

Mucho ánimo, y reitero mi abrazo a todas las víctimas, en cualquier grado.

Antonio Matamoros dijo...

Buenas noches. Un beso.

Genín dijo...

Ya sabes donde vivo, pues todavía no me he recuperado y no duermo normal, demasiado terrible lo que pasó...
Besos y salud

Maia L.B. dijo...

No podrás verlos ni podrás escuchar los minutos de silencio que uno hace sin proponérselo ante tragedias como esta, donde la muerte llega sinsentido alguno.

Maia L.B. dijo...

sin sentido.

Carmela dijo...

Un abrazo, Blue. Siempre estarán en el recuerdo y en la mente, una forma de no olvidarlos.
Me alegra verte de nuevo.
Bicos

Carmela dijo...

La música es tremendamente hermosa...

Cheli dijo...

Poco mas se puede decir.
La piel se eriza y las lagrimas no se pueden evitar.
Un beso muy muy grande.

Vera Eikon dijo...

Aquí es cuando las palabras frenan en seco. Sólo queda abrazarse...Unha aperta moi forte.

Blue dijo...

Muchas gracias a todos. No sé si habréís entendido el texto los que no sois gallegos. Hoy lo traduciré por si acaso.

Un abrazo.

mariajesusparadela dijo...

Abrazo enorme.

Darío dijo...

Por esos pequeños anónimos a los cuales debe resultar imposible explicar, te abrazo a vos.

India dijo...

Un abrazo, fuerte.

Temujin dijo...

Galicia demostró que su fama no es falsa...

Blue dijo...

Un abrazo a todos. Poco más hay que añadir a lo que ya está más que visto, leído, escuchado...sólo pedir que no se repita algo similar, ni aquí ni en ningún sitio.

marcela dijo...

La emoción no se habla, se siente.Y yo estoy con Galicia en esa forma de ser en la tragedia: ayudando, tan calladamente. Qué hablen los que no estuvieron, ni tienen lágrimas.
Besos.

marcela dijo...

Lo malo de las tragedias es que además todas las palabras se quedan cortas. Otro beso, Blue.

Blue dijo...

Las palabras se quedan cortas, y si se dicen muchas parece que sobran ¿verdad?
Besos, Marcela.